
Cada uno llegó con sus groseros cascos en la mano.
Al parecer venían en moto, o al menos eso querían aparentar.
Él, todo un imbécil. Ella, no tanto.
Hablaban de cosas sin importancia
que ni siquiera me esforcé a escuchar.
El imbécil era alto, pálido y castaño.
Ella no tenía grandes pretensiones en altura
si, en su intento de chica rubía y en su pronunciado escote perfecto.
Venían atrasados... y no les importó.
Hacían sonar sus cascos... y no les importó.
Eran un par de ímbéciles, bueno, ella no tanto... ¿Y que les iba a importar?
Al parecer, ambos venían en moto, en la misma moto.
Hacía frío y quizás ella lo besaba al detenerse en cada signo PARE o luz roja,
él un poco menos imbécil que de costumbre... se volteaba.
Hacía frío y quizás ella venía refugiándose en él, como en aquellos montajes de cine hollywoodense, donde James Dean protagonizaba romances falsos,
con chicas falsas,
que abrazaban su cinematógrafica geografía,
mientras montaban una exquisita Harley Davidson.
En esta historia de par de imbéciles (y no tanto)
no hay ni Harley`s ni Davidson´s
y si las hubiera ¿qué importa?
poco le sirvió a Jimmy su motocicleta
para convencer a Pier Angeli que se fugara de la iglesía,
mientras él la esperaba sentado bajo la lluvía.
En esta historia tampoco hay lluvía
sólo un par de cascos y en realidad, un par de motocicletas,
ambas con distintas marcas y direcciones.