Desde la oficina de archivos del cementerio General un hombre indica que la sepultura de don Jorge Guzmán fue fundada por Julio Guzmán García, su padre. “Mire, usted camine por la orilla y ahí donde está la capilla da unos pasos y encuentra el patio 4, ahí está la bóveda”
Caminando por Echaurren las diversas sepulturas denotan dramáticamente las diferentes clases sociales. Al cruzar la capilla, un pequeño letrero lleva escrito: Patio 4, aquí descansan Emilio recabarren, entre otros. dicen por ahí que todos vamos al mismo lugar, Es cosa de voltear la cara y encontrarse con bóvedas con escaleras incluidas, mini catedrales y hacinados nichos con olor a putrefacción. Un cuidador advierte mi presencia y me pregunta que es lo que estoy buscando, naturalmente le respondo y me dice “ justo aquí, mire ve si lo tienen tan abandonado” al unísono me pregunta ”¿Usted es familiar? Cuando Jaime estaba vivo lo venía a ver siempre?.
Se trata de un espacio de no más de dos metros cuadrados, cubierto de maleza y barro, el olor a tierra mojada sobresale, desde el medio un gran arbol más allá de dar sombra, cubre con sus ramas el desolador montaje. Como si aquel árbol quisiera proteger con su brazos la impotencia de sentir el abandono En un ángulo se encuentra parada una cruz y a sus pies un piedra amorfa que ahí con negro y una letra parecida al times new roman dice Familia Guzmán Reyes, asi de siemple, algo así como un mini pantano.
La falta estética o el abandono , según venga la vida y en estos casos la muerte , no sería tan impresionante, pero al retroceder y nuevamente cruzar la capilla a un costado de está, una bóveda de casí un cuarto de hectárea toda tapizada, se impone. Ahí reposan los cuerpos de Jaime y su madre. Moderna hasta decir basta. Una pared de como dos metros de alto y seis de ancho toda cubierta de un tapiz color pastel expone un breve texto religioso. Aquí no hay olor a barro ni a flores sin cambiar. Todo es pulcro y radiante, aquí también llega el sol. Un gran frasco de marmol para las flores que no alcanzaran a marchitarse. Una cruz tamaño humano, lo clásico, pero aquí descomunal y con un poco de recelo, Perfecto. Incluso un par de asientos para quienes los visiten, tal vez para prevenir el hecho de ser abandonados como su padre y abuelos. Jaime hoy es vanagloriado, incluso aparece en sueños de algunos imbéciles mientras su padre es a vista de todos comido por los gusanos.
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